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Oferta y Demanda

Nuestros antepasados han hecho comercio de una u otra forma, en el caso de tribus nativas de la civilización de hoy, ellos comerciaban a través de formas tan básicas como el trueque, un intercambio de productos, bienes, servicios a cambio de otros; algunos de estos productos producidos en las partes altas de la montaña por ejemplo, otros producidos en el llano, y dependiendo de la altitud o ubicación geográfica, hay para todos los gustos, algunos producidos en tierra, otros en agua; a la final que, desde la antigüedad nuestros ancestros vieron en ello, una oportunidad de crear riqueza y bien hecha; dígase en términos generales de alcanzar prosperidad e independencia financiera.

Conforme las diferentes etapas de avance tecnológico a lo largo de décadas, siglos, milenios, las distintas sociedades han evolucionado en los medios de realizar tratos comerciales, llegando a establecer contratos, cláusulas, reglamentos, normativas y junto con ello, la aparición de un intermediario: monedas y dinero físico, inicialmente. Éstos, se convertirían en los primeros exchangers (o money dealer) a día de hoy.

A diciembre de 2020, el mundo se sigue moviendo de cierta manera, con estos principios básicos, oferta por un lado y demanda por otro, o lo que diríamos, una economía de mercado; y gracias a los avances tecnológicos, podemos ofrecer servicios especializados (nichos de mercado), además de productos, bienes tangibles; de esta forma, a día de hoy podemos explorar entre un inmenso catálogo de artículos y servicios, complementados muchos de ellos con un valor agregado, detalles que, al final del día, determinan la experiencia del consumidor. Y si produce un efecto positivo en el comprador, es seguro que vuelve a comprar ese producto o servicio. Así generamos, en suma, una constante y natural oferta y demanda entre los diferentes actores del mercado.

El dinero papel o físico (creación nuestra producto del ingenio y creatividad), en su momento, tenía un respaldo físico, tangible, así por ejemplo, si yo tenía 1 kg de oro y si entre los diferentes actores que también disponían de 1 kg o más de oro (hablando de oro o cualquier otro metal de gran valor), nos poníamos de acuerdo entre los actores, y establecíamos así, que 1 gramo de oro era igual a 1 unidad equivalente en papel (los nombres de este dinero papel para cada país) o la divisa que haya, eso se cumplía y se respetaba. Y así, podríamos poner variedad de ejemplos y agregar al mismo contexto, tanto monedas, dinero en papel, criptomonedas, recursos naturales, etc., etc., que en suma, y gracias al Internet que tenemos hoy en día, nos da como resultado un gigantesco mundo de comercio basado en la oferta y la demanda, con variedad de actores, de casi todo lo que tenga una oportunidad para ponerle valor. El último caso es del agua.

En esa evolución del comercio, resulta que, una cierta parte de estos actores, dejaron a un lado el respaldo tangible, y hoy por hoy tenemos el cuerno de la abundancia que es la impresión de papel sin respaldo tangible, pues ya dejó de ser dinero en su acepción pura, y con ello: la falsa apariencia de un capitalismo “exitoso”, en ciertos países, así como hipotecas, burbujas, dinero creado por deuda. Por ello, el tema de las criptomonedas, que al menos tienen un número finito de tókens es súper interesante y sin trucos.

Ahora, hay un tema interesante, un debate político que ya ha dejado de ser actual, pues se ha venido repitiendo por décadas, sobre todo en los dos último siglos, y en el que, desde mi análisis, lo que han hecho ciertos líderes y brillantes pensadores, ha sido crear esquemas mentales en las personas para que estemos de un bando o del otro, dígase: republicano o demócrata, izquierda o derecha, y dependiendo del lugar de este planeta, haya incluso mucha más apertura a movimientos o corrientes filosóficas y políticas como centro izquierda, centro derecha, y así, para todos los gustos y colores.

Pero en realidad, desde siempre el mercado ha sido el mismo, sin banderas, siempre ha existido una oferta y una demanda, productos y servicios de mejor o peor calidad, subjetivo de hecho, al consumidor o usuario final, hablando en términos de calidad y de satisfacción, creándose así diferentes nichos de mercado, así mismo, para todos los gustos, y latitudes del mundo mundial 😉.

Total que, si nos desprendemos de conceptos como capitalismo, socialismo, comunismo, etc., veremos que, en realidad existe un flujo normal de comercio puro y duro, oferta y demanda, variedad de actores; siempre ha sido así: hay productores/creadores y compradores/consumidores, aunque en una etapa de la historia aparecieron los intermediarios, o exchangers, o money dealers, o como quiera que se los llame, quienes a día de hoy no son ni productores ni consumidores, pero que, sin embargo, forman parte del mercado. Entonces, me pregunto yo, ¿tiene sentido seguir con este juego de pertenecer a uno u otro grupo? A la final de cuentas, somos seres humanos, cada cual con un talento específico, innato en su sangre, y al descubrir que efectivamente somos buenos para algo, terminamos haciendo uso de esos talentos y siendo generadores de riqueza, multiplicando y materializando lo que buenamente la Vida nos ha regalado: algunos se mantendrán como productores, otros como consumidores, otros como intercambiadores, etcétera, lo importante es que, estemos conscientes de la existencia de la variedad de actores que participan en el mercado. Pues al caer en un bando o en otro, terminamos creando nuestra propia venda, y eso es perjudicial; hace asumir que, a pesar que nos vaya bien, sin embargo, nos hemos olvidado o hemos evitado ver a los demás actores que forman parte del mismo juego, y se termine creando así, una venda o una ceguera temporal, que se expresa en ciertos casos, en niveles alarmantes de desigualdad.

Lo mismo ocurre, con el tema religioso/espiritual, cada persona en un momento de su vida experimenta o siente un llamado a su madurez como individuo, algunos, si están en el camino espiritual dirán que se trató de iluminación, otros dirán que llegaron a dominar su ego, otros que entraron en una etapa de su vida de prosperidad y riqueza, otros dirán que les llegó la hora de resucitar a la vida, otros dirán que la vida les dio otra oportunidad, y así hay para todos los gustos nuevamente. Y con ello, así como las corrientes de pensamiento político-filosófico al haber escuelas de adoctrinamiento, las personas terminan encasillándose en su propia jaula.

El formar grupos en respeto y tolerancia entre los actores de una u otra bandera, y hacia el mundo, es una vía válida para hacer sentir su voz a día de hoy. Pues esto permite que, los seguidores o discípulos o como se quieran autodenominar, puedan compartir en comunidad, física, virtual, el mismo pensamiento, tradiciones, costumbres, ideologías, y encontrar paz o lo que sea que mantengan sus preceptos/manifiestos/acuerdos. Sin embargo, el llegar a extremos para causar violencia al otro es cuestionable. A día de hoy, muchos de los “políticos” nos han dado un mal ejemplo de lo que significa la Política, y han terminado más bien siendo expertos estrategas de guerras, y con ello, en lugar de armonizar una sociedad, causar por el contrario, destrucción y división en el mundo; pasando así, a una exageración en el uso de la fuerza, algo completamente cuestionable desde todo punto de vista.

En definitiva, al ubicarnos como seres humanos en una u otra corriente de pensamiento, terminamos sin querer, creando nuestras propias jaulas, lo que, en un punto de la vida, a excepción que despertemos, nos lleva a ver solamente una parte de la realidad, determinada por nuestros esquemas mentales; patrones muchos de ellos, que por tradición nuestros padres han seguido transmitiendo de generación en generación. O que, en momentos de nuestras vidas, al haber estado emocionalmente flojos, terminamos identificándonos con uno u otro color, por así decirlo.

En el conjunto de tradiciones, aquellas que marcan la identidad de un pueblo o sociedad, posiblemente tengan mucha validez, pues constituyen un sello único por el cual un grupo de personas, pueda sentirse plenamente identificado para llevar a cabo sus actividades, tanto personales como grupales, comunitarias, en un marco de respeto.

Aquí la Historia, nos cuenta que, en el caso de defender los derechos y la soberanía de una localidad de miles o incluso millones de personas, se tuvo que ser partícipe de guerras para defender esos derechos únicos e innatos propios de una población o de una parte de ella, cosa que más tarde evolucionó, a repúblicas soberanas, o países, y en donde las Constituciones acogen, en la mejor intención, los derechos que aseguren un buen vivir de una sociedad. A pesar de ello, algunas naciones siguen peleando, algo que para mi concepción es caduco, pues hace ya mucho tiempo, hace cientos de años que cada país somos soberanos en términos “políticos” (exceptuando las naciones donde hay gobernadores, monarcas). Hoy, hemos llegado a un clímax como sociedad, en el mundo de hoy existimos millones de personas actuando en conciencia plena, y hemos caído en cuenta que las armas son innecesarias, que lo único que motivan es destrucción y muerte, y por lo tanto, son los causantes de romper o desestabilizar, la armonía de una sociedad, o civilización como tal.

Por ello, el ver más allá de nuestras realidades, gracias al avance de la ciencia y tecnología, nos permite expandir nuestra percepción, y con ello, los viejos esquemas dominantes se caen como fichas de dominó, el karma se terminó, o como quiera llamárselo.

Tampoco por estudiar otras formas de pensamiento, o disponernos a escuchar atentamente al otro, o ponernos en sus zapatos por un momento, es que vayamos a tener una dependencia hacia los demás, o tenga que ser esto, objeto o sinónimo ni de lejos, de que vayamos a perder nuestra identidad natural como individuos o sociedad de un determinado país. Sabiendo lo que tenemos, conociendo nuestra identidad, es suficiente para agarrarnos firmes a la vida y a ese hilo natural de donde vinimos, así sea que nos falte mucho por descubrir o desenterrar de nuestra historia, antropología, arqueología, entre otros. Esta certeza de saber quiénes somos, nos permite conocer, disfrutar, por ejemplo, a través del turismo, de visitar otros lugares, de quedarnos maravillados de sus tradiciones, su sabiduría, su riqueza en general.

En un marco de respeto y sinceridad, alguien quien nos ofrece, nos vende algo, está dando lo mejor de sí para invitarnos a conocer su verdad, su excelente producto o servicio que tiene para ofertarlo al mundo. Y dependiendo de la calidad y muchos otros factores, posiblemente regresar, volver a comprar o volver a ese lugar.

El sentirnos identificados con esa cantidad propia de tradiciones, costumbres, rituales incluso, o ese conjunto de ideas propias de un ecosistema, pueblo, nación, es la energía que nos motiva a agruparnos, algo normal, por motivos de compartir similares características. Esto además, nos permite tener un sello único, que puede tener también una demanda específica en este inmenso mercado desarrollado a día de hoy, que se ha expandido a inimaginables límites, tal como ocurre en el universo, cada día expandiéndose, de manera natural y espontánea, o como la vida misma en nuestros suelos, plantas creciendo por doquier, hasta en medio de las piedras, cumpliendo un ciclo natural y normal de evolución y avance.

Finalmente, los animo a ver más allá de sus esquemas mentales, y gozar así, de la gran gama de opciones, no solamente de productos y servicios, sino de información, de conocimiento, de tradiciones, de historia, de experiencias, de cultura en general, que gracias a nuestros días, podemos hacerlo, más allá de pandemias, bichos raros o cualquier esquema dominante que se quiera interponer en nuestros caminos. Y nos dispongamos más bien, con suficiente firmeza, tanto a producir/ofrecer/demandar/usar/gozar responsablemente, estemos donde estemos, con lo que tengamos a mano, sea que estemos viviendo en una latitud y longitud remota, en una metrópolis o cerca del mar, o de las montañas, o en el mismísimo espacio exterior; apreciar la riqueza natural y propia de las diferentes micro/macro sociedades, que existen a día de hoy, complementadas todas ellas, con diferentes micro-climas incluso. Y como en el caso de Ecuador, país de abundantes ecosistemas diversos, país de los 4 mundos (Costa, Sierra, Oriente/Amazonía y Las Galápagos), cada mundo, cada sociedad, posee con toda certeza, y es acreedor natural, de un nicho específico de mercado, para crear riqueza bien hecha.

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